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El desconocido entramado al que tuvo que hacer frente Diego Costa en 2011

El dorsal ’19’ retorna al club que apostó firmemente por él cuando solamente tenía 18 años. Ahora, la figura de Costa ejemplifica a un jugador de lo más mediático del panorama futbolístico, pero pocos conocen cómo ha llegado hasta donde está. Si esta historia se hubiera concretado, posiblemente, los destinos de Costa y del Atlético de Madrid nunca se hubieran reencontrado. El primer contacto entre club y jugador se remonta a finales de 2007 cuando negocian el traspaso con Jorge Mendes. Pese a estar en España, éste no goza de oportunidades hasta la 2011-2012 momento en el que se queda en el primer equipo. Nada más finalizar dicha campaña los dirigentes rojiblancos no le ven cabida en la plantilla por problemas extracomunitarios y buscan su venta al extranjero a cambio de una contundente suma de dinero.

Según ha podido saber Revista El Balón, el fichaje de Costa ya estaba cerrado y solamente faltaba la firma. El encuentro ante el Stromsgodset iba a ser el último, pero su rotura de ligamento y menisco hizo que finalmente se quedara. Lesionado y sin hueco en la plantilla, el Rayo le saca del abismo. En su breve periplo en Vallecas consigue salvar lo que era su última oportunidad de quedarse en el Atlético para convertirse en la estrella que es a día de hoy.

“Ven a ver a este jugador ya mismo”

Javier Hernández, actual encargado de la cantera del Alcorcón, trabajaba en el área de captación del Atlético de Madrid en el exterior. Justamente, Hernández estaba ‘espiando’ a Rolando en Portugal, pero recibió un aviso que posiblemente haya cambiado la vida del delantero: “Javier tienes que ver a un chico de 17 años que la está rompiendo. Ven a ver a este jugador ya mismo”. Otro de los hombres que apareció en escena fue García Pitarch. El por entonces director deportivo del Atlético exigió a Javier que hiciese un informe sobre aquel chico. Así fue como el ojeador siguió un día más en Portugal exclusivamente para ver a Diego.

Lo cierto es que Costa sorprendió. Tanto, que hasta el propio Pitarch viajó para verificar su gran calidad. Con el fichaje cerrado, en una primera toma de contacto querían mandarle al filial para que cogiese rodaje en Segunda B, finalmente se saltó el peaje de jugar en la categoría de bronce. Ahora bien, para estar Primera antes debía triunfar en la por entonces Liga Adelante.

Destinado a salir al extranjero

Tanto en Vigo como en Albacete exhibió un calidad endiablada para solamente tener 20 años, eso no era suficiente. En ambos clubes fue titular en la mayoría de encuentros registrando cinco y nueve goles respectivamente. El flamantante fichaje rojiblanco ya demostraba poseer un carácter cuanto menos peculiar. Con dos brillantes temporadas a sus espaldas, el Atlético seguía sin darle una oportunidad en el primer equipo. Fue en Pucela cuando Diego dejaba de ser un niño para convertirse en un hombre. Después de tres temporadas de idas y venidas, por fin se enfunda la elástica rojiblanca del primer equipo, aunque por poco tiempo…  El hispano brasileño levantaba su primer título: una Supercopa de Europa. Su aportación desde el banquillo fue notoria con un total de ocho tantos, pero no fue bagaje suficiente para que éste siguiese en el Calderón.

Se lesiona cuando ya estaba todo cerrado a falta de la firma 

El Atlético ya tenía acordada su salida a un club extranjero para aligerar las plazas de los extracomunitarios. Su partido de despedida iba a ser ante el Stromsgodset, pero una rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco interno de la rodilla derecha iba a hacer que finalmente se quedara. Herido y sin hueco en su plantilla, Costa se encontraba en un callejón sin salida. Tras estar siete meses de bajas, llega a Vallecas en pleno mercado invernal para intentar salvar su futuro. Seguía lesionado, iba a tener solamente 16 partidos por delante y muy pocos confiaban en él. El ‘gen’ Costa desafiaba a la lógica.

Las llamadas que salvan su futuro

El fichaje por el club vallecano se gestó más rápido de lo previsto. Totalmente descartado para jugar en clubes de alto-medio nivel en cuanto a clasificación liguera respecta, el Atlético optó por pedir una pequeña ayuda a sus vecinos madrileños.  “Os ofrecemos a Diego Costa”, esta fue la frase que escuchó el director deportivo Felipe Miñambres según cogió el teléfono en un gélido día de invierno. Rápidamente Miñambres llamó a José Ramón Sandoval para comunicárselo. Lo cierto es que Costa estaba dañado en múltiples sentidos. Pese a ser joven y con calidad, pocos entrenadores creyeron en él por sus antecedentes con las lesiones.

Nadie se fotografiaba con un solitario Costa en la cabina de prensa de Vallecas

El por entonces técnico franjirrojo no lo dudó ni un solo instante, necesitaba refuerzos ofensivos que acompañasen a Michu en la delantera. Costa era el elegido. No había vuelta atrás. “Míster, yo quiero ir al Rayo… si no estoy cómodo te lo haré saber. Necesito una oportunidad”, confesaba. El hispano brasileño veía los primeros partidos en una solitaria cabina de prensa, la gente le veía, pero nadie se fotografiaba con él. Así fueron sus primeros días en el humilde barrio obrero.

Ya recuperado, aunque con alguna que otra mínima molestia, Sandoval le convoca con la expedición a Zaragoza. Llevaban varias semanas estructurando un sistema para sacar el mayor rédito posible al delantero. A falta de 15 minutos para el final, éste hacía su debut con la elástica franjirroja. Nada más salir, provocaba tres tarjetas amarillas en apenas ocho minutos, la guinda la puso con su primer tanto. Un Costa ilusionado, que ya empezaba a olvidar su calvario con las lesiones, abrazó fuertemente a José Ramón Sandoval. El de Humanes le respondió: “Hoy ha sido tu día.  Siempre confié en ti. Llama a tu mujer porque hoy has vuelto a ser persona y futbolista”.

“Llama a tu mujer porque hoy has vuelto a ser persona y futbolista”

La inverosímil anécdota de la madre de Costa

Tras su debut en La Romareda, donde anotó el definitivo 1-2, el delantero invitó a su madre a que fuese a ver su primer encuentro en su nueva ‘casa’. Era la primera vez que tenía que abandonar Lagarto, pero ningún obstáculo pudo con ella. El envite ante el Getafe se contó como victoria, pero esa no fue la noticia. Sandoval, conocedor de la presencia de la madre de Costa, cambió al delantero a falta de cuatro minutos para el final. Su nueva afición recompensó al goleador de la noche despidiéndole bajo una sinfonía que tiempo después iba a ser conocida: “Diegoooo, Diegoooo, Diegoooo”. Nada más acabar el partido Costa recibió un cálido abrazo de la mujer de su vida: “Hijo mío, no sabía que te querían tanto acá. Estoy muy orgullosa de ti. Gracias por hacerme feliz”. El resto de este cuento de hadas ya lo conocen. Hoy se añade un nuevo capítulo…

“Hijo, no sabía que te querían tanto acá. Estoy muy orgullosa de ti. Gracias por hacerme feliz”