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El primer derbi del Calderón

Atlético y Real Madrid abren una nueva etapa en la historia de sus enfrentamientos, tal y como sucedió hace 50 años, cuando ambos equipos se midieron por primera vez en el Calderón

“Partido bronco sobre el barro del Manzanares y con broncas populares en el cemento de los graderíos”. Así tituló el diario ABC la crónica del primer derbi que Atlético y Real Madrid disputaron en el Vicente Calderón (entonces llamado Estadio del Manzanares). Aquella tarde ligeramente lluviosa del 16 de abril de 1967, colchoneros y madridistas afrontaron un partido con poco en juego en el aspecto deportivo. En la que era la penúltima jornada de Liga, los de Concha Espina ya se habían proclamado campeones de forma matemática, mientras que los locales se encontraban en una cuarta posición de la que no se moverían al finalizar la competición.

Sin embargo, esa tensión competitiva existió y de qué manera. Se trataba de un derbi y ganar era más que una cuestión de orgullo, tal y como se palpaba en el ambiente. El nuevo feudo de los rojiblancos estableció su propio récord de asistencia con 50.000 espectadores poblando las gradas, algo en lo que también influyó la presencia de numerosos aficionados merengues. El Atlético había hecho de su nuevo hogar todo un fortín en su primera temporada, con un bagaje de 11 victorias, 2 empates y 1 derrota como local. Tan sólo el Barcelona fue capaz de romper la imbatibilidad de los del Manzanares en Liga ante un público tremendamente orgulloso de su nuevo estadio. “Ya estamos en nuestra casa y nadie nos ha humillado, mientras ellos van de pie, nosotros sentados”, rezó una pancarta de los aficionados el día del estreno contra el Valencia, la cual presumía del hecho de contar con el primer campo de Europa con asientos.

Partido muy duro

En un césped embarrado debido a la meteorología, los colchoneros salieron con un equipo formado por San Román, Colo, Griffa, Rivilla, Glaría, Jayo, Ufarte, Cardona, Urtiaga, Adelardo y Collar. En el banquillo local se sentó el técnico brasileño Otto Gloria, quien no pudo contar para el choque con su máximo goleador, que no era otro que el mítico Luis Aragonés con 11 dianas. Por su parte, el Real Madrid formó con una alineación compuesta por Betancort, Calpe, Pachín, Miera, Zunzunegi, Zoco, Serena, Amancio, Grosso, Pirri y Veloso. Todos ellos entrenados por una leyenda en el banquillo blanco, Miguel Muñoz, el técnico que a día de hoy continúa siendo el que más partidos ha dirigido en la historia del club.

El partido, como se señala en la citada crónica, fue “bronco” hasta el punto de que “con un reglamento de baloncesto se tendrían que haber ido del terreno de juego dos o tres hombres”. El arbitraje del colegiado Medina Iglesias no contribuyó a evitarlo precisamente, a quien “le faltaron muchas facultades y criterio, serenidad y reflejos, así como ayuda en las bandas”. “Medina Iglesias no pudo con el partido porque no pudo con los jugadores. Dio la sensación de que amonestaba a alguno, pero no echó a nadie a pesar de la reiteración de faltas. Ni ley de la ventaja, ni rigor moral de la sanción, puesto que nadie escarmentó; error en la apreciación de posiciones de ‘off-side’, confusión de juego peligroso, una falta en el área que quedó envuelta en el tumulto, previa a una jugada que fue gol, constituyeron un suma y sigue de fallos arbitrales que impiden ser benévolos al juzgar la labor arbitral”, relató el cronista de la época.

Y tan amigos

El tenso ambiente vivido en el terreno de juego también se trasladó a la grada, donde “los seguidores de los eternos rivales hicieron gala de nervios, gritos de aliento a sus jugadores y lanzamiento de almohadillas al terreno de juego”. Fue el rojiblanco Enrique Cardona quien tuvo el honor de marcar el primer gol en un derbi disputado en la ribera del Manzanares, tanto que llegó a los nueve minutos tras rematar en segunda instancia un centro de Urtiaga desde la izquierda. Sin embargo, los visitantes consiguieron voltear el marcador en el segundo tiempo gracias a los goles de Grosso y Veloso. Para alivio de la parroquia colchonera, Adelardo puso el 2-2 final a los 87 minutos.

“Llamaba la atención que hubiera zonas sin butacas, porque el campo aún no estaba acabado. Fue un partido muy trabado”, recordó el autor del último tanto en declaraciones a El Mundo. “Como en todos los derbis, había mucha rivalidad, yo creo que más que ahora, porque el 80% de los jugadores éramos españoles”, añade el madridista Amancio en el mismo periódico, quien también reconoce que esos mismos futbolistas que se dieron cera sobre el barro del Calderón volvieron a ser tan amigos tras el encuentro: “Manteníamos una buena amistad. Algunos, como Zoco y Glaría vivían juntos. Yo me llevaba muy bien con Pirri y Velázquez. Comíamos y cenábamos juntos, pero en el verde había una lucha a muerte”. Eran otros derbis y también otro fútbol.