Los errores que el Barça no debe repetir en Anoeta

El Barça visitará Anoeta el próximo jueves en Copa del Rey, un estadio que se ha convertido en un serio problema para los blaugranas cada temporada, donde no ganan desde el año 2007. Desde entonces, sus últimas 8 salidas al coliseo donostiarra se han saldado con 5 cinco derrotas y 3 empates. Si los de Luis Enrique quieren romper la maldición de una vez por todas, deben aprender de errores anteriores.

Defender bien es la base de todo

Cualquier buen resultado que los culés quieran lograr en Anoeta pasará necesariamente por mejorar sus prestaciones defensivas, aspecto en el que han dejado mucho que desear cuando han jugado allí. Los 14 goles recibidos en esas últimas 8 salidas son un claro reflejo de esa sangría. Con una media de casi 2 tantos encajados por partido, es muy difícil ganar.

Ventaja no es sinónimo de relajación

La falta de tensión ha sido uno de los males característicos del Barça cuando ha visitado a la Real Sociedad. De esas 8 visitas que no terminaron en victoria culé, en 4 de ellas llegaron a adelantarse en el marcador. El choque que les enfrentó en LaLiga en la temporada 2012/13 fue paradigmático, cuando el cuadro barcelonista perdió tirando por la borda una renta de 0-2.

Concentración desde el primer minuto

Otro de los síntomas que ha evidenciado la relajación blaugrana en San Sebastián ha sido su entrada a los partidos. En las derrotas ligueras de las campañas 2014/15 y 2015/16 los culés calcaron mismo error y resultado (1-0). Si en 2015 fue por un gol en propia de Jordi Alba a los 2 minutos, al año siguiente fue Mikel Oyarzábal quien perforó la portería rival a los 5.

Ir a remolque es una mala idea

La sensación que habitualmente deja el Barça en sus tropiezos en Anoeta es la de apatía a la hora de imponer el tipo de partido que le interesa jugar. Dejarse llevar e ir a remolque del rival nunca parece buen consejo para vencer. Pese a terminar en tablas, el duelo entre ambos el pasado mes de noviembre en LaLiga fue un caso más. Los de Luis Enrique se vieron claramente superados por la presión ‘txuri-urdin’ y apenas tuvieron el balón.