Morata Chelsea

Morata, de banquillo en banquillo

Turín, Madrid y ahora Londres. Por más que cambia de aires, a Álvaro Morata le persigue a todos lados el fantasma del eterno suplente. Todo apunta a que en el duelo del próximo miércoles en el Camp Nou volverá a partir desde el banquillo, tal y como ya sucediera en la ida de la eliminatoria en Stamford Bridge. Precisamente abandonó el Real Madrid para ser titular en partidos como éste. La jugada no puede estar saliéndole peor. De revulsivo goleador del campeón de Europa (20 goles marcó la pasada campaña entre todas las competiciones) a ineficaz sustituto del quinto de la Premier League. Delanteros de todo pelaje como Dybala, Mandzukic y Benzema habían estado delante suya en los planes de sus técnicos. Inesperadamente, el último en sumarse a esta lista ha sido Giroud, llegado al Chelsea en el mercado de invierno y que ni siquiera era titular en el Arsenal.

Y el Mundial a la vuelta de la esquina

Parecía que esta temporada sí iba a ser la de la consagración de Morata en un grande. Nueve goles en el mes de septiembre reforzaron esa teoría. Desde entonces, en parte lastrado por las lesiones, ha ido a menos hasta el punto de no haber visto aún portería en lo que va de 2018. Ha cambiado los balones en la red contraria por las tarjetas: cuatro amarillas y una expulsión por doble amonestación durante este año. En el último encuentro ante el Crystal Palace, en el que volvió a gozar de escasos minutos en la recta final, reflejó esa frustración arrebatando el banderín al linier en una protesta.

El último gol de Morata se remonta al 26 de diciembre

A sus 26 años, el delantero madrileño sabe que éstos son los mejores años de su carrera, los que no puede dejar escapar. También es consciente de la importancia de su temporada de cara al Mundial de Rusia. En un principio, parece uno de los fijos en el bloque de Julen Lopetegui, pero el gran estado de forma de otros atacantes como Diego Costa, Iago Aspas, Gerard Moreno y Rodrigo invita a la duda. Sólo pueden estar tres y ahora mismo resulta evidente quién está peor.