Real Madrid celebración gol

Todo o nada

Llegó la hora de la verdad. El Real Madrid se enfrenta a una eliminatoria sin medias tintas, la cual marcará su muerte prematura o resurrección cual ave fénix. No es plato de buen gusto tener que jugarse la temporada ante todo un PSG, pero si hay un escenario que puede marcar un punto de inflexión en la maltrecha trayectoria de los blancos es precisamente éste.

El ruido que ha generado durante las últimas semanas el cruce más atractivo de los octavos de Champions se conoce de sobra a estas alturas. Los más pesimistas auguran que Concha Espina será un paseo militar para los tanques llegados desde París. Que Neymar sembrará la destrucción por un costado en el que no estará el sancionado Carvajal, al igual que Mbappé hará lo propio por la autopista que otros rivales han encontrado este curso a la espalda de Marcelo.

En el lado contrario de la balanza están quienes creen en la grandeza de este Real Madrid en Europa por encima de cualquier otra circunstancia. Y lo cierto es que no faltan precedentes históricos de crisis blancas que concluyeron en alguna de esas doce Orejonas que reposan en las vitrinas del Santiago Bernabéu. Ya lo dijo Jupp Heynckes hace unos días (“no subestimen al Real Madrid, creo que eliminará al PSG”), un hombre que por experiencia sabe bien de lo que habla. Por si fuera poco, la última victoria ante la Real Sociedad dejó señales de que los de Zidane han afilado los cuchillos.

Tanto a cenizos como a entusiastas no les falta razón en sus argumentos, pero aquí lo único que cuenta es lo que suceda una vez ruede la pelota. Sí hay una cosa en la que todos están de acuerdo, es que los que juegan de blanco son prácticamente los mismos que hace unos meses eran capaces de arrasar a cualquier rival. Sólo por eso, quizá merezcan un último voto de confianza y el mágico empuje del Bernabéu en las noches europeas. Tras varios meses de crisis, la noche de San Valentín acabará en reconciliación o ruptura.