No hay gafe que tumbe a este Real Madrid

El Real Madrid abría el nuevo año en unas circunstancias muy similares a las del fatídico 2015. Los blancos protagonizaron un 2016 de ensueño conquistando Champions, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes. Todo ello por no hablar de la extraordinaria racha de partidos invictos que continúa en el presente año. En su camiseta vuelve a brillar el escudo de campeón del mundo, sobre el que existe cierta leyenda negra.

Lo sucedido en el Real Madrid hace dos años podría corroborar esa supersticiosa teoría. Nada más ponerse la insignia, el conjunto de Carlo Ancelotti inició su caída en picado. La situación no mejoró durante el resto del año, como se vio durante el paso de Rafa Benítez por el club. A aquel periodo se sumaron otros capítulos como el del fax de De Gea y la alineación indebida de Cheryshev.  Curiosamente, todo volvió a marchar como la seda para los blancos a partir de 2016, ya sin el escudo de la discordia.

Desenmascarando el gafe

Como en toda superstición, puede que lo que haya realmente detrás sea una explicación lógica y racional. El bajón de los equipos tras el Mundialito es fácilmente atribuible al desgaste físico que supone. En tal caso, pueden estar tranquilos en el Real Madrid, pues Zidane se ha anticipado a ese problema. Las numerosas rotaciones que viene realizando el francés están siendo clave en este aspecto. Gracias a ello, la carga de minutos para los pesos pesados de la plantilla no está siendo la de otros cursos. Por otra parte, la segunda unidad del vestuario se está sintiendo importante.

El gran nivel de los blancos tras el parón navideño echa por tierra la fabulación

En consonancia con esta explicación, cabe recordar que el Barça –que lució la escarapela durante 2016– también pasó el pertinente bache durante la segunda vuelta del pasado curso, lo cual no le impidió alzar los títulos de Liga, Copa y Supercopa de España. No está nada mal para estar gafado. Si todavía quedaba un mínimo atisbo de sombra sobre la insignia, el gran nivel mostrado por los blancos tras el parón navideño ha terminado por echar por tierra la fabulación y hacer que sólo se hable de lo que realmente determina los resultados, el juego.