Casemiro Real Madrid

A los pies de Casemito

No exageran los jugadores del Real Madrid con el apodo por el que conocen a Carlos Henrique Casemiro. Al centrocampista brasileño le rodea un aura de grandeza que crece en las mejores noches. Desde que llegó en 2013 siendo un perfecto desconocido, ha demostrado sobradamente que, como diría Florentino Pérez, ha nacido para jugar en el Real Madrid. No sólo cumple en el día a día, algo que demuestra siendo el futbolista que más balones recupera de los blancos tanto en LaLiga como en la Champions, sino que además hace cosas fuera de lo común en citas señaladas. Porque es poco común que un centrocampista defensivo haya logrado marcar goles en la final de Cardiff, la de la Supercopa de Europa o en el decisivo partido del Parque de los Príncipes. Especial mención mereció su actuación en este último choque, donde su gol tan sólo fue la guinda a un brillante desempeño que se saldó con 11 recuperaciones de balón –más que ningún otro jugador– y 56 pases acertados de 57 intentados.

Más que un talismán

Visto lo visto, quizá el hecho de ser el único futbolista de la plantilla que tiene pleno de tres Champions ganadas no es casualidad. Y es que hay que recordar que la única de las últimas cuatro ediciones que no ganaron los blancos, en la que cayeron eliminados precisamente a manos de la Juventus, tuvo lugar con el brasileño jugando cedido en el Oporto. En las otras tres, el ‘14’ fue campeón teniendo siempre un papel relevante. Aunque fuese de forma puntual, como ocurrió en Dortmund en 2014, cuando surgió de la nada para salvar a los suyos de un aprieto erigiéndose como dique de contención ante el acoso alemán. En 2016 se ganó la titularidad en la final de Milán y fue de los mejores en la intensa batalla ante el Atlético de Simeone. Y en Cardiff llegó su obra maestra con un zambombazo desde 25 metros con el que batió Buffon, el tanto más decisivo de la final al ser el que desempató el 1-1 que imperaba en el marcador. No es que sea un talismán, es que gana partidos. Por eso el madridismo está rendido a sus pies.