1970: ¡Luis, Luis, Luis!

La noche del 5 de noviembre de 1970, el Atlético escribió uno de los capítulos más brillantes de su historia en Europa. Los rojiblancos recibían al Cagliari en los octavos de final de la Copa de Europa con la obligación de remontar el 2-1 de la ida. El equipo italiano, pese a no contar con un glorioso pasado en líneas generales, en aquel momento atravesaba su etapa de mayor esplendor habiéndose proclamado campeón de la Serie A durante la temporada anterior. Para hacerse una idea, cuatro de sus futbolistas –Riva, Domenghini, Cera y Albertosi– habían sido los pilares de la selección de Italia que meses antes fue subcampeona del Mundo en México, un combinado al que sólo pudo tumbar el mítico Brasil de Pelé y compañía.

Ambiente de revancha

La talla del rival de los colchoneros quedó de manifiesto en la ida del cruce disputada en Cerdeña, donde los locales acogotaron al conjunto entrenado por Marcel Domingo con goles de Gori y Riva. Afortunadamente, Luis Aragonés salvó los muebles en la recta final del choque con un tanto que daba esperanza de cara al partido de vuelta. Al margen del resultado, el juego al límite de los italianos y la permisividad del árbitro caldeó todavía más los ánimos. Esa atmósfera de revancha, junto con la decisión del presidente Vicente Calderón de que socios y abonados tuvieran entrada gratuita, dio lugar a que el Estadio del Manzanares presentase un espectacular ambiente para ayudar a los suyos a voltear la eliminatoria.

Aquel Atlético tenía uno de los mejores equipos de su historia, algo comprobable sólo con ver la alineación que presentó para aquella cita, formada por Rodri, Melo, Martínez Jayo, Iglesias, Calleja, Luis Aragonés, Adelardo, Irureta, Alberto, Ufarte y Gárate. Por su parte, el Cagliari debía sobreponerse a la baja de su estrella, ‘Gigi’ Riva, quien a día de hoy sigue siendo el máximo goleador histórico de la Azzurra. Como era de esperar, los italianos plantearon un partido ultradefensivo para tratar de aguantar la mínima ventaja con la que partían.

La noche de Luis Aragonés

Los jugadores rojiblancos gozaron de la iniciativa del encuentro por pura renuncia del rival, pero la tarea de resquebrajar el muro adversario se antojaba mucho más complicada. Fue ahí donde apareció Luis Aragonés para protagonizar una de las mejores actuaciones que se le recuerdan como futbolista. A los 33 minutos, tras una sucesión de balones colgados en el área visitante, el de Hortaleza recogió un rechace y se sacó un inapelable disparo con el exterior para abrir el marcador. El tanto clasificaba al cuadro colchonero, pero no daba ninguna tranquilidad. Los italianos siguieron priorizando no conceder y aprovechar alguna ocasión que se les presentara. Hubo suspense hasta que, a los 76 minutos, Tomasini derribó a Ufarte dentro del área. Penalti y roja al infractor por patear el balón cuando ya estaba colocado sobre el punto de castigo. Luis no perdonó y el Atlético se veía 2-0 y con un hombre más. El Cagliari salió de la cueva para buscar un tanto que al menos forzara la prórroga, ya no le quedaba otra. Todas sus opciones se difuminaron con el tercer gol de Luis tras una excelente jugada de Gárate. Quedaba un minuto por delante y los visitantes se retiraron al vestuario en pleno festival de la grada. El colegiado Mr. Jones les obligó a volver al césped para disputar lo que restaba de encuentro. Entonces sí, el Atlético puso punto y final a una noche para el recuerdo.

Atlético Recopa 1962

1962: el Atlético se hace grande en Europa

El 5 de septiembre de 1962, Atlético y Fiorentina afrontaban el segundo partido de la final de la Recopa de Europa. Ambos conjuntos empataron 1-1 con prórroga incluida en el encuentro que disputaron en Glasgow en mayo, por lo que por singularidades del fútbol de aquella época (entre otras cosas, no existían las tandas de penaltis) no pudieron resolver quién sería el campeón hasta cuatro meses después.

Los rojiblancos, que habían accedido al torneo gracias a la Copa del Generalísimo conquistada la temporada anterior (hay que recordar que la competición era disputada por los campeones de Copa de distintos países), contaban con uno de los mejores equipos de su historia. El conjunto dirigido por José Villalonga había firmado una trayectoria impecable en la competición eliminando a Sedan, Leicester City, Werder Bremen y Motor Jena con un bagaje de seis victorias y dos empates.

Un equipo imparable

“Hicimos el mejor fútbol que he visto en mi vida. Al menos durante seis meses, jugamos con tal precisión y velocidad, con tal aptitud, con tal estímulo… Algo imposible de superar. Ni por el Ajax de Cruyff, en los 70, ni por nadie. Peiró y Collar, delante, eran rapidísimos. En la media, el brasileño Ramiro y Glaría parecían lentos, pero pensaban las jugadas deprisa y movían el balón con claridad”, llegó a confesar Jorge Griffa al recordar aquel equipo en una entrevista para el diario El País.

Enfrente, una Fiorentina que contaba con el aval de ser la vigente campeona del torneo, pero que ya se mostró muy inferior al cuadro colchonero en el primer choque pese al resultado. Sólo las intervenciones del guardameta Sarti pudieron mantener con vida al ultradefensivo conjunto italiano en aquella ocasión. El Neckarstadion de Stuttgart fue la sede elegida para decidir la final, a la que los rojiblancos salieron con un once formado por Madinabeytia, Rivilla, Griffa, Calleja, Ramiro, Glaría, Jones, Adelardo, Mendonça, Peiró y Collar.

Victoria aplastante

40.000 espectadores asistieron al triunfo de un Atlético que volvió a mostrarse muy superior de principio a fin. Tanto que sólo habían transcurrido 8 minutos cuando Miguel Jones abrió el marcador en una jugada de saque de esquina. Jorge Mendonça hizo el segundo al cabecear un centro de Adelardo, quien a sus 21 años apenas había iniciado la andadura que le llevaría a convertirse en el futbolista con más partidos disputados en la historia del club. Tras el descanso, Joaquín Peiró puso el 3-0 definitivo tras aprovechar el rechace de un remate de Jones al larguero.

“Madinabeytia tuvo poco trabajo. Casi siempre le llegaban los balones rebotados, y sólo tuvo que intervenir en un par de ocasiones peligrosas. La defensa, fuerte y segura siempre, no tuvo tampoco demasiadas ocasiones de lucirse, pero cuando le llegó el turno, lo hizo con oportunidad y acierto”, recogió la crónica del encuentro para el diario ABC. De este modo, los colchoneros levantaron el primer título europeo de su historia. Había nacido un grande en el viejo continente. 56 años después, la historia puede continuar.