Heynckes Matthaus Bayern

1988: El Madrid tumba al gigante

“Hay que acabar con el mito de la historia”. Así de contundente se mostró Emilio Butragueño en la víspera de la eliminatoria de cuartos de final de la Copa de Europa que Real Madrid y Bayern de Múnich afrontaron en 1988. El Buitre hacía referencia al mal bagaje de los blancos en sus anteriores enfrentamientos contra el gigante de Baviera, ante el que ya habían caído eliminados la temporada anterior y en 1976. Su historial de enfrentamientos era corto pero intenso, señal de que la rivalidad entre ambos clubes estaba llamada a derivar en lo que hoy ya se conoce como el clásico europeo.

El primer cruce quedó marcado por el famoso incidente protagonizado por el aficionado que pasó a ser conocido como ‘El Loco del Bernabéu’, quien saltó al césped para intentar agredir al árbitro y a ‘Torpedo’ Müller. Tampoco hubo paz en amistosos como el de la pretemporada de 1980, cuando el conjunto alemán (mucho más rodado físicamente) humilló sin piedad al Madrid con un escandaloso 9-1. Al año siguiente, también se lió en el Trofeo Bernabéu, en un duelo entre Bayern y Dinamo Tiblisi, encuentro que terminó con los jugadores muniqueses abandonando el campo antes de tiempo tras las expulsiones de Karl-Heinz Rummenigge, Paul Breitner y Uli Hoeness, el primero de ellos por dedicar gestos obscenos a la grada.

¡Heynckes ya entrenaba al Bayern!

La última tuvo lugar en la eliminatoria de 1987, recordada por el pisotón de Juanito a la cabeza de Lothar Matthäus tras una durísima entrada del alemán sobre Chendo. Un año después, en el conjunto blanco eran conscientes de que tenían que ser más inteligentes que sus rivales a la hora de moverse en el fango. “Ellos saben cómo se perdió la eliminatoria del año pasado, y no fue a base de fútbol, porque ningún equipo demostró ser superior al otro. Nosotros caímos por cosas extradeportivas, y por eso los jugadores quieren revancha”, señaló el técnico Leo Beenhakker al respecto.

En uno de esos sorprendentes guiños del destino, resulta que el entrenador de aquel Bayern no era otro que Jupp Heynckes, quien esa misma temporada tomó el testigo del mítico Udo Lattek. La eliminatoria pudo quedar sentenciada en el partido de ida disputado sobre la nieve del Olímpico de Múnich, cuando el Madrid llegó al minuto 85 perdiendo por 3-0 y logró recortar distancias con dos postreros goles de Butragueño y Hugo Sánchez. El Bernabéu dictaría sentencia, que no era poco.

Con su propia medicina

Aquella noche del 16 de marzo de 1988, el coliseo blanco presentó un ambiente de gala para ayudar a los suyos a conseguir el gol que diese la clasificación. Como muestra de la importancia de la cita, cabe señalar que la recaudación fue de 250 millones de pesetas, récord del fútbol español por entonces. El once del Real Madrid estuvo formado por Buyo, Chendo, Camacho, Sanchís, Tendillo, Gordillo, Gallego, Jankovic, Míchel, Hugo Sánchez y Butragueño. Aunque los merengues comenzaron nerviosos, no tardaron en recuperar la compostura e imponer su autoridad a los 26 minutos con un lanzamiento de falta de Jankovic que supuso el 1-0. Míchel haría el segundo antes del descanso tras rematar en el segundo palo un excelente centro de Gordillo. El partido estaba donde querían los locales y, ya en el segundo tiempo, Hugo Sánchez se encargó del resto dándole a los alemanes su propia medicina. El mexicano desestabilizó a todo el Bayern tras clavar los tacos en la cadera del guardameta Pfaff, con quien se las había tenido durante todo el partido. A partir de entonces, el equipo bávaro se olvidó definitivamente de jugar al fútbol y nunca puso en riesgo la clasificación del cuadro madridista. Había caído la bestia negra.

Real Madrid años 80

“Noventa minuti molto longo”

La mística del Real Madrid en Europa le debe mucho a las dos remontadas que protagonizaron los blancos contra el Inter en 1985 y 1986

La frase se la dijo Juanito a un jugador del Inter nada más caer derrotado el Real Madrid por 2-0 en Milán: “Noventa minuti en el Bernabéu son molto longo”. Así es como el mítico delantero malagueño apelaba al pánico escénico que sentían los rivales europeos al visitar el coliseo blanco, cuya imponente mística alcanzó su máximo apogeo precisamente en aquellos años. En esa Copa de la UEFA de la temporada 1984-85, los blancos ya habían protagonizado en octavos una de sus apoteósicas remontadas volteando un 3-0 contra el Anderlecht, al que derrotaron por 6-1 en Concha Espina.

El 24 de abril de 1985, el conjunto madridista se disponía a agrandar esa leyenda en la vuelta de las semifinales del torneo. Miguel Ángel, San José, Salguero, Stielike, Camacho, Chendo, Gallego, Míchel, Pineda, Santillana y Valdano fueron los once elegidos por el técnico Luis Molowny, el interino que tomó las riendas del equipo por enésima vez tras la destitución de Amancio Amaro. Como se comprobó en la ida, aquel Inter era también un rival muy digno de respetar, cuyo once en el Bernabéu estuvo formado por Zenga, Baresi, Marini, Bergomi, Mandorlini, Sabato, Brady, Pasinato, Cucchi, Altobelli y Rummenige.

Juanito no se equivocó

Pero los italianos no sólo se enfrentaban al imponente ambiente del feudo merengue, también lo hacían a la bestia negra que ya les marcó y eliminó en semifinales de la Copa de Europa 1980-81 y en los cuartos de final de la Recopa 1982-83. Ese era Carlos Santillana, quien a los 13 minutos bajó con la cabeza un envío de Chendo y, en medio del tumulto que se formó en el área, logró empujar el balón para hacer el primer gol. El delantero cántabro fue de nuevo providencial al borde del descanso con su acción ganadora por excelencia, un poderoso salto con el que se elevó sobre la defensa para cabecear un balón colgado por San José que entró pegado al poste. En el segundo tiempo, fue el turno para un joven futbolista que se había asentado en el primer equipo aquella misma campaña. No era otro que Míchel, quien aprovechó un balón suelto en el borde del área para sacarse un impecable disparo raso con el que batió a Zenga. Con la remontada conseguida, el 3-0 ya no se movería hasta el pitido final. El Madrid tampoco fallaría en la final a doble partido contra el Videoton húngaro volviendo así a levantar un título europeo casi 20 años después.

El Madrid volvió a hacerlo

El destino quiso que ambos clubes repitieran el mismo enfrentamiento y guión la temporada siguiente. Otra vez en semifinales de Copa de la UEFA. Otra vez con el Real Madrid cayendo en el Giuseppe Meazza –3-1 en esta ocasión– y obligado a tirar de la épica de Chamartín. A diferencia del anterior curso, la presencia de Emilio Butragueño y Hugo Sánchez suponía aún más dinamita ofensiva. Pese a la salida en tromba de los blancos, el 1-0 no se produjo hasta los últimos minutos del primer tiempo con un penalti transformado por el citado delantero mexicano. A los 64 minutos, un cabezazo de Gordillo suponía el gol que clasificaba provisionalmente al cuadro de Molowny, pero aquella noche los italianos iban a vender su piel más cara, quienes inmediatamente hacían el 2-1 también desde los once metros. Necesitaba el Madrid otro gol para empatar la eliminatoria y éste llegaría por medio de Hugo Sánchez de nuevo desde el punto fatídico. Y en la prórroga hizo su aparición –quién sino– Santillana para firmar un doblete y establecer el definitivo 5-1. Otra vez lo habían hecho. Otra vez se impusieron los blancos en la final, en este caso ante el Colonia, para levantar su segunda Copa de la UEFA consecutiva. Así se forjó una parte importante del ADN del Real Madrid en Europa.

Cuando la Quinta del Buitre ganó a Maradona

El único antecedente histórico entre Real Madrid y Nápoles se remonta a 1987, cuando ambos equipos disputaron una eliminatoria repleta de grandes anécdotas. Fue el duelo entre el todopoderoso equipo de la Quinta del Buitre frente a la mejor versión de Maradona.

Real Madrid y Nápoles se vieron por primera vez las caras en un partido de dieciseisavos de final de Copa de Europa con un aliciente poco común. Los blancos tuvieron que afrontar el choque de ida en un Santiago Bernabéu completamente vacío. Incidentes protagonizados por los ultras la temporada anterior frente al Bayern ocasionaron una sanción que desangeló la primera mitad de una eliminatoria de lo más atractiva.

Se trataba del choque entre el campeón de Liga y el de una Serie A que pasaba por sus años dorados. El equipo de la Quinta del Buitre quería exportar a la máxima competición europea su dominio a nivel nacional frente a un rival capaz de todo por la distinguida presencia de Diego Armando Maradona. El ‘Pelusa’ se había proclamado campeón del Mundial de México un año antes y llegaba en su mejor versión. Toda una amenaza para un equipo que tenía a Hugo Sánchez (baja en el partido de ida), Michel y Butragueño como principales referentes ofensivos.

Un partido muy raro

“Fue algo extrañísimo. Sin duda, es una de las situaciones más rocambolescas que se pueden dar en el fútbol. Jugar en un estadio vacío, pero con los focos encendidos. Me parecía que estaba en mi colegio, el Calasancio, jugando a las siete de la tarde. Es que enfrente estaba el Nápoles de Maradona, el mejor jugador del mundo. Iba a jugar en Madrid y la gente no iba a poder ir a verle. Era todo muy raro”, llegó a comentar el propio Butragueño en su momento rememorando aquel duelo europeo.

Chendo secó a Maradona

La ausencia de público no impidió que el Real Madrid mostrase su mejor versión sin dar opción al conjunto italiano, que se llevó un 2-0 con goles de Michel y Tendillo. Los blancos firmaron un partido muy serio y supieron contener al ‘10’ rival gracias a un inspiradísimo Miguel Porlán ‘Chendo’. El lateral murciano firmó una de las mejores actuaciones que se le recuerdan en su dilatada trayectoria como madridista secando completamente al mejor futbolista del planeta. Incluso se atrevió a hacerle un caño memorable.

Tras el gran resultado cosechado en el Bernabéu, lo más complicado esperaba en el partido de vuelta que tendría lugar en el infierno de San Paolo. La escuadra napolitana saltó al césped crecida ante su ruidosa afición y tardó nueve minutos en adelantarse por medio de Francini. El conjunto dirigido por Leo Beenhakker no se amilanó y puso el empate antes del descanso por medio de Butragueño. Toda una exhibición de personalidad para sentenciar la eliminatoria. Una vez más, Maradona no tuvo opción frente al férreo marcaje individual de Chendo. El equipo de la Quinta del Buitre simplemente fue mejor.

Pese a aquella victoria de prestigio, la aventura europea del Real Madrid en aquella temporada tocó a su fin en semifinales, cuando fueron eliminados ante el PSV pese a no perder ningún encuentro durante la competición. En el camino quedó aquel histórico cruce entre merengues y partenopeos que tendrán ocasión de reeditar 30 años después.