El primer derbi en Europa – Revista El Balón
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El primer derbi en Europa

El primer enfrentamiento europeo entre Real Madrid y Atlético también tuvo lugar en unas semifinales de la Copa de Europa. La igualdad fue la tónica dominante de una eliminatoria que se terminó decidiendo en un tercer partido de desempate disputado en La Romareda.

Aunque merengues y colchoneros han acostumbrado a cruzar sus caminos en la máxima competición continental durante los últimos años, esto no era ni mucho menos la norma con anterioridad. De hecho, ambos equipos habían protagonizado un único precedente antes de reencontrarse en la final de Lisboa en 2014, el que tuvo lugar en las semifinales de la vieja Copa de Europa en la temporada 1958/59.

Una época muy remota en la que el Real Madrid ya gestaba la leyenda que ha perdurado hasta hoy. El conjunto blanco era claro dominador de la competición, tal y como acreditaba su condición de tricampeón continental.  Aquel equipo recordado por el ‘quinteto mágico’ que formaban Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento se mostraba insaciable encaminándose hacia su cuarta Copa de Europa tras eliminar al Besiktas (0-0 y 1-0) y al Wiener SC (0-0 y 7-1). Sin embargo, la prueba más dura que la competición le depararía a los blancos estaba aún por llegar.

El Atlético había hecho su primera aparición en el torneo más prestigioso de Europa tras quedar segundo en Liga. Como sus vecinos se habían asegurado una plaza al conseguir su tercera ‘Orejona’, los rojiblancos tuvieron acceso a la competición y se plantaron en semifinales tras imponerse al CSKA Sofía (2-1, 0-1 y 3-1) y al Schalke 04 (3-0 y 1-1). Di Stéfano recordó en su autobiografía ‘Gracias, vieja’ como eran los enfrentamientos entre los dos grandes equipos de la capital en aquella época: “Había una gran rivalidad con el Atlético. Eran partidos que se jugaban más allá del campo. El Madrid siempre llenaba el campo, el Atlético, menos, pero los de rayas, cuando ganan, aparecen como hongos. Siempre ha pasado”.

Una eliminatoria reñida

La ida de la eliminatoria tuvo lugar el 23 de abril de 1959 en el Santiago Bernabéu, donde ambos conjuntos no dieron tregua desde el inicio. Chuzo adelantó a los rojiblancos con un obús desde 40 metros, aunque los locales terminarían volteando el marcador con goles de Rial y Puskas de penalti, este último estrenándose como goleador con la camiseta blanca en Europa. Los colchoneros se resarcirían el 7 de mayo en el viejo Metropolitano, donde vencieron con un solitario gol de Collar.

Al no existir en aquella época el valor doble de los goles fuera de casa ni la prórroga o los penaltis como desempate, la eliminatoria tuvo que decidirse en un tercer partido en territorio neutral. Zaragoza fue el sitio elegido, a donde se desplazaron unos 25.000 madrileños aquel 13 de mayo. Di Stéfano puso por delante a los suyos al cuarto de hora de partido, pero Collar restableció el empate sólo tres minutos después. Los blancos insistieron y obtuvieron su recompensa al borde del descanso con un remate cruzado de Puskas que supuso el definitivo 2-1. De este modo, el Real Madrid alcanzó una nueva final que se acabaría convirtiendo en su cuarta Copa de Europa tras vencer por 2-0 al Stade Reims. El choque ante los franceses resultó más plácido para los madridistas que aquellas agónicas semifinales ante sus vecinos rojiblancos, cuando se pudo ver un cruce fiel a la esencia de los duelos que vuelven a protagonizar más de medio siglo después en Europa.