El primer día que un estadio vio llover ‘papelitos’

Ahora es una tradición en todos los campos del mundo, pero hubo un día que fue el primero, hace ya 54 años.
Argentina. 19 de agosto de 1961. Jornada 19 de la temporada en Primera B. Estadio Florencio Sola. Banfield recibe al Quilmes en un partido trascendental en la lucha por subir a la máxima categoría. El clásico del sur bonaerense despertó una enorme expectativa, con más de 10.000 gargantas arengando desde la grada. Quilmes nunca había ganado en ese estadio, tan sólo había sido capaz de empatar tres encuentros de los 11 que había disputado desde 1939. Los jugadores de uno y otro equipo, sin saberlo, fueron protagonistas de un momento histórico para el mundo del fútbol: la primera vez que se lanzaron papelitos al campo para recibir al equipo.
Papelitos, o en este caso etiquetas de cerveza. Todo tiene su origen en un malentendido originado entre los dirigentes del club y los responsables de la marca de cerveza Quilmes. A la cervecera le habían pedido un préstamo para comprar un edificio en la calle Solís, pero los dirigentes del equipo desviaron los fondos y los destinaron al fútbol, incluido el pago de una prima a los jugadores si ganaban cinco partidos frente a Nueva Chicago, All Boys, Banfield, Sportivo Dock Sud y Platense. La cúpula de la empresa montó en cólera y rompió relaciones con la directiva del equipo.
Para provocar el acercamiento entre unos y a otros, a un hincha del equipo, Hipólito Irigoyen, se le ocurrió acercarse a la sede de la cervecera, sita en la calle Brasil, y hablar con Capitti, un directivo de la empresa con quien guardaba una importante amistad. Hipólito le preguntó cuántas etiquetas de cerveza podrían darle, y la respuesta le dejó ojiplático: 90 millones. Quilmes iba a cambiar el diseño de la misma porque estaban a punto de lanzar la nueva Quilmes Bock, así que el bueno de Hipólito le pidió todas con la intención de usarlas en varios partidos.

La historia podría haber sido distinta si los barrabravas, en el partido que disputaron previamente el 12 de agosto en Quilmes frente a All Boys, no hubieran intentado sabotearlo. “Se quedaron con todas, pensando que eran las únicas y no dejaron explicarles que había nada menos que 90 millones en paquetes de 3 mil etiquetas”, contaba Irigoyen.
Lo dejaron todo para el derbi contra Banfield. Algo grande iba a pasar esa tarde, y todos los aficionados quilmeños se ocuparon de llevar las etiquetas escondidas, incluso sobre la tribuna desplegaron un alambre y un gancho para ir distribuyendo las etiquetas entre toda la hinchada. Nadie del equipo local pudo hacer nada para impedirlo.
Al salir Quilmes a la cancha una nube de etiquetas cubrió el cielo. Más de dos millones lanzaron los hinchas cerveceros. El jugador número 12 empujó desde la grada a su equipo a la victoria, con un soberbio tanto de tiro libre ejecutado por el delantero Ángel Eduardo Del Moro según cuentan las crónicas de la época.
Desde entonces, la hinchada de Quilmes se caracterizó por recibir siempre a su equipo con las etiquetas de la marca cervecera, al menos hasta que se les acabaron los 90 millones que les habían regalado. Quilmes acabó ascendiendo ese año.
La medida contó con duras críticas de algunos futbolistas porque aseguraban que “manchaban el piso”, e incluso la organización del campeonato llegó a multar a la empresa cervecera con veinte mil pesos por haber realizado “una publicidad indebida”.
Los dirigentes de Quilmes acabaron encantados con el uso que le dieron a las viejas etiquetas y, aunque pocos lo sepan, marcaron el camino a miles de hinchadas que preparan sus bolsas con papelitos para agasajar a los suyos antes de que se batan el cobre.