Que me lleve a la gloria

Es una noche de sentimientos encontrados. Por un lado, se juega un derbi, y un derbi siempre es un derbi, lleguen como lleguen los dos equipos y se jueguen lo que se jueguen. Encima, es la despedida europea del Vicente Calderón, algo que llena de nostalgia, no sólo a los atléticos, sino a todos los aficionados al fútbol que un día estuvieron en su grada disfrutando de algún partido. Pero el resultado del partido de ida disputado en el Bernabéu marca demasiado la cita.

Cuando el caprichoso sorteo emparejó por cuarto año consecutivo, a los equipos madrileños, muchos atléticos se frotaron las manos pensando en el final feliz: “Último partido de Champions en el Calderón, eliminando al eterno rival, con gol de Fernando Torres en el minuto 93”. Nunca se sabe si se va a poder cumplir finalmente la profecía más colchonera, pero se antoja complicado.

El Real Madri fue todo un rodillo en la ida, ante un inoperante y desconocido Atlético, que tampoco mejoró con los cambios de piezas desde el banquillo. Estuvo Griezmann, un poco Oblak y nada más. Desde que llegó Simeone como técnico, no se había visto tan gris a su equipo en ningún partido de semejante nivel.

Y los males se agravaron con el momento goleador que atraviesa Cristiano Ronaldo en Europa; y con la verticalidad de hombres como Isco, Benzema, Asensio o Lucas Vázquez, que asustaban cada vez que arrancaban con la pelota en los pies. Con una gran medular blanca, comandada por Kroos y Modric, y por si fuera poco, con un excepcional Marcelo y un sobrado Carvajal hasta que tuvo que salir lesionado. Y para colmo atlético, hasta Keylor Navas, que no está teniendo su año, apareció acertado en las únicas dos ocasiones que le necesitaron.

Quién sabe si el destino tiene guardada un remontada épica e histórica para despedir el Calderón. Sea como sea, el Real Madrid se venderá caro. La única buena noticia es que, en Cardiff, otra vez, habrá madrileños camino de la gloria europea.