22 años de la Séptima del Real Madrid, el título que lo cambió todo

Real Madrid La Séptima 1998

Así fue el renacer de los blancos en Europa

Antes de aquella final de 1998, muchos aficionados del Real Madrid no sabían lo que era ver a su equipo levantar una Copa de Europa. Conocían su grandeza en la máxima competición continental porque habían visto las gestas de Di Stéfano, Gento, Puskas y compañía en imágenes en blanco y negro, pero no había nada de lo que presumir en la era del color. Habían transcurrido nada menos que 32 años sin conquistar la competición más codiciada.

Aquella final era la oportunidad para cambiarlo todo de una vez por todas y sintonizar con el presente. Ya se les escapó en 1981, cuando el Liverpool les apeó en la final de París con un gol en el minuto 82. Tampoco fue capaz la Quinta del Buitre, cuyo abrumador dominio en España nunca se tradujo en el viejo continente. Demasiados tropiezos y demasiados complejos para el club más laureado de la historia. El siglo se acababa y existía el temor a quedarse anclado en el pasado.

Y no es que los blancos llegasen precisamente en buen momento a aquel choque que se disputaría en Ámsterdam. Pasara lo que pasara, Jupp Heynckes estaba sentenciado en el banquillo. “No había otra opción. En varias ocasiones me había confesado que no podía con el vestuario”, llegó a reconocer el entonces presidente Lorenzo Sanz en declaraciones a El Confidencial. El resultado de aquella situación fue catastrófico en Liga, donde los merengues acabaron en una cuarta posición que les dejaba fuera de la Champions para el próximo curso. Sólo el título podía clasificarlos.

Una Juve temible

Si la situación interna no era la idónea para afrontar una final, el pesimismo no hacía sino incrementarse al comprobar que enfrente estaba aquella poderosa Juventus de Marcello Lippi. La Vecchia Signora encadenaba su tercera final de Champions consecutiva (ganó ante el Ajax en 1996 y perdió contra el Dortmund en 1997) y había arrollado en Serie A cosechando únicamente dos derrotas . Era lo que tenía contar con jugadores de la talla de Deschamps, Davids, Inzaghi, Del Piero y, curiosidades del destino, Zinedine Zidane.

Como la Juventus actual, aquel conjunto contaba también con un elenco de gladiadores para acompañar a sus estrellas y cimentar un bloque compacto. Los Di Livio, Iuliano y Torricelli de entonces podrían pasar por lo que hoy representan Barzagli, Bonucci y Chiellini. Bajo los palos estaba Peruzzi, antecesor de Buffon en la portería juventina.

Mijatovic cambió la historia del Real Madrid

Sin favoritismo alguno, en el Madrid lo fiaban todo a su metamorfosis en Champions: “Nosotros flipábamos con el cambio entre Liga y Europa, como si hubiéramos tenido un presentimiento de que ese era nuestro torneo. Jugábamos un sábado y hacíamos un mal partido en Liga. Pero es que llegaba el miércoles y volábamos. Nos mirábamos al acabar el partido pensando si éramos como Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, confesó Mijatovic en una entrevista reciente a Marca.

Ilgner, Panucci, Sanchís, Hierro, Roberto Carlos, Redondo, Karembeu, Seedorf, Raúl, Morientes y Mijatovic fueron los once elegidos para tratar de actualizar la leyenda del Real Madrid. Fue un lance con alternativas y diferentes tramos de dominio hasta que a los 67 minutos se produjo la jugada que quedó para la posteridad: Raúl no llegó a rematar un centro de Panucci y el rechace quedó para Roberto Carlos, cuyo disparo tocó en un defensa para que un astuto Mijatovic (algunos dicen que en fuera de juego, aunque no hay toma que lo demuestre) recogiera el balón muerto, recortase ante Peruzzi y empujara el balón al fondo de las redes. El montengrino, que no sumaba ningún gol en el torneo, jugó infiltrado aquel partido. “Tenía la oportunidad de jugar una final de Champions con el mejor equipo y no podía pensar más que en ganar. Fue el partido más importante de mi vida. Me saqué un billete directo a la historia del Madrid”, reconoce casi dos décadas después.

Tras este título han llegado nada menos que otras seis Champions, pero no son pocos los que coinciden en que aquella fue la más trascendente y celebrada por el madridismo. La noche en la que los blancos recuperaron el gen ganador con el que han seguido tiranizando al resto de clubes de Europa.